Una tradición familiar con más de 100 años de historia
Cuando pienso en mi trayectoria como restauradora de obras de arte, es imposible no mirar atrás y recordar los orígenes de mi pasión, profundamente arraigados en mi familia. Mi abuelo, Benito Barbero Medina, fundó en 1920 el primer taller de escultura familiar en Granada, una cuna de creatividad donde se gestaron verdaderas joyas artísticas. Él, además de escultor, era profesor de policromía en la Escuela de Artes y Oficios de Granada, transmitiendo no solo técnicas, sino también el amor por cada pieza trabajada.
Años más tarde, mi padre, José Barbero Gor, continuó este legado trasladándose a Madrid, donde formó parte del prestigioso Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (ICCRDC). Su taller, además de ser un espacio de creación escultórica, se convirtió en un laboratorio de restauración. Allí aprendí desde niña el valor del detalle y la importancia de respetar la historia de cada obra que pasa por nuestras manos.
Mi trayectoria profesional está íntimamente ligada a los lugares donde he vivido y trabajado. Cada ciudad, cada región, ha aportado algo único a mi formación y a mi experiencia, dejándome recuerdos imborrables y proyectos que han marcado mi carrera.
Crecí rodeada del legado artístico que mi familia construyó durante generaciones, y esta ciudad fue el lugar donde di mis primeros pasos como restauradora profesional. Aquí tuve la oportunidad de trabajar con grandes expertos en el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (ICCRDC), donde mi padre también desarrolló su carrera.
En Madrid, participé en proyectos que ampliaron mi conocimiento sobre técnicas y materiales diversos. Fue en esta etapa donde entendí que cada obra es única, y que para intervenir en ellas es fundamental conocer su historia y sus materiales de forma exhaustiva.
Mi primer encargo como profesional autónoma llegó de la mano del Museo Hispano-Musulmán de la Alhambra, en Granada, contratada por la Junta de Andalucía. Allí participé en diversos proyectos centrados en la restauración de pintura mural dentro del conjunto monumental.
En paralelo, trabajé en la conservación de pintura de caballete y esculturas para la Catedral de Granada. Más adelante, en Málaga, tuve el privilegio de intervenir en la restauración de obras para la exposición “Alonso Cano y Pedro de Mena y su entorno”, un proyecto de gran valor artístico e histórico contratada por la empresa Ágora.
En Córdoba, trabajé en la restauración de pintura mural y elementos arqueológicos en el yacimiento de Medina Azahara, un lugar único por su valor patrimonial. En Huelva, intervine en la restauración de los frescos de Vázquez Díaz en el Monasterio de La Rábida, espacio clave de nuestra historia. Y en Sevilla, participé en varios proyectos con motivo de la Expo 92, entre ellos la recuperación de las fachadas del Palacio de Miguel de Mañara, Santa María la Blanca y la restauración de las pinturas murales del Museo de Bellas Artes.
Mi llegada a Andalucía fue el inicio de una nueva etapa en mi vida, tanto personal como profesional. Allí descubrí una tierra rica en tradiciones y en patrimonio artístico. Desde mi base en Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera, he trabajado en proyectos que abarcan toda la comunidad autónoma, consolidando mi experiencia y ampliando mis horizontes.
Murcia marcó un momento esencial en mi trayectoria profesional con un proyecto de seis años de duración. Haber tenido el privilegio de restaurar laobra procesional completa, incluido su Belén, del genial Francisco Salzillo, fue una experiencia profundamente emotiva, especialmente por el vínculo personal que me une a su legado, pues Salzillo fue siempre un gran referente para mi abuelo y mi padre.
En Jerez de la Frontera, he tenido el honor de restaurar algunas de las obras más significativas de la ciudad. Uno de los proyectos que más me enorgullece es la restauración del Cristo de la Viga, una escultura de madera de nogal del siglo XVI ubicada en la Iglesia de San Marcos. Esta intervención implicó un análisis minucioso del estado de conservación, así como un tratamiento exhaustivo para garantizar su preservación a largo plazo.
Otro trabajo destacado fue la restauración integral de la Iglesia del Hospital de Mujeres en Cádiz, un proyecto para el Obispado de Cádiz financiado por la Fundación BBVA, que abarcó desde las pinturas murales hasta los retablos y las bóvedas. Este tipo de trabajos multidisciplinares me han permitido aplicar conocimientos técnicos variados y coordinar equipos especializados.
Desde pequeña, supe que mi vida estaría ligada al arte y al patrimonio. Mi camino profesional comenzó formalmente en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, donde tuve la suerte de aprender de grandes expertos. Allí, no solo adquirí conocimientos técnicos, sino que también interioricé los principios éticos fundamentales para cualquier restaurador: respeto por los materiales originales, sensibilidad ante el paso del tiempo y compromiso con la autenticidad de cada obra.
Durante esos años de formación, el contacto directo con piezas históricas y las enseñanzas de mis mentores me hicieron comprender la importancia de la restauración como disciplina científica y artística. Cada técnica aprendida, cada análisis realizado, era un paso más en mi crecimiento como profesional y como heredera de una tradición familiar que marcaba el rumbo de mi vocación.
Juan Sebastián Elcano
Con 19 años comencé restaurando las pinturas Murales de la alhambra
Iglesia de jerez de la frontera
Exposición de Pedro de Mena y su entorno. Restaurado con 20 años.
Proyecto realizado a los 23 años
Hermanos García. Granada Restauradas con 24 años
Personalmente, ha sido muy fácil mantenerme durante tantos años en una profesión que es, ante todo, una verdadera vocación. Cuando te enfrentas cara a cara y a solas con una obra, la pasión, el compromiso y el amor por la responsabilidad depositada en tus manos se convierten en una constante en la forma de trabajar.
Comencé muy joven, guiada por grandes referentes que marcaron mi trayectoria profesional. A pesar del paso del tiempo y de tantos años de trabajo ininterrumpido, mi formación nunca se ha detenido. Cada obra que llega al taller representa un nuevo desafío y una oportunidad para seguir aprendiendo.
Restaurar no es solo aplicar técnicas adquiridas en el pasado; es también investigar, actualizarse egún los nuevos criterios y trabajar en equipo con otras especialidades, sin perder la praxis tradicional que garantiza la mayor fiabilidad a mi trabajo.
Mi formación académica se centra en la arqueología y la escultura, dos disciplinas que se han fusionado en un conocimiento profundo que me permite intervenir sobre una amplia variedad de materiales: vidrio, piedra, cerámica, metales y materiales orgánicos, entre otros.
Mi pasión es mi trabajo, y cada día intento ejercerlo del mejor modo posible, acompañada de un equipo comprometido con la conservación y el arte.
Conservación y restauración de esculturas, retablos y pinturas con rigor, respeto y precisión. Recupero el alma del patrimonio artístico, preservando su historia para el futuro.
Av. de la Innovación 2, Jerez de la Frontera, 11591 Cádiz
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